Las causas de la crisis económica
Archivo histórico de Euribor.us
La restricción en el crédito, el encarecimiento del petróleo y el fuerte ajuste en el sector de la construcción nos han llevado a la actual crisis económica, con seria desaceleración económica, inflación y crecimiento preocupante del desempleo.
La crisis económica estadounidense tuvo su origen en las hipotecas subprime, que son aquellas que se concedían a clientes con escasa solvencia, o con pocas garantías de que pudieran hacer frente al pago de sus cuotas. En un mundo globalizado como en el que vivimos, el virus subprime nacido en Estados Unidos y sus consecuencias, han encontrado las vías perfectas para conseguir crear una gran infección en todo el sistema financiero mundial. Los bancos que promocionaban las hipotecas subprime, necesitaban más dinero para poder continuar ofreciendo dicha clase de préstamos hipotecarios. Para ello los introducían en productos estructurados que vendían a otras entidades financieras y así obtenían nueva liquidez con la que podían continuar realizando sus actividades y concediendo nuevas hipotecas subprime. El virus de las hipotecas subprime ha conseguido enfermar al sistema financiero a nivel mundial y provocar una crisis económica internacional de consecuencias catastróficas.
Como comentamos, dichas hipotecas, en un mundo globalizado, han podido llegar a entidades financieras de todo el mundo. Los bancos se prestan dinero entre sí en el llamado mercado interbancario y los bancos han llegado a tener una gran desconfianza entre ellos, porque piensan unos de otros, que pueden estar infectados por las hipotecas subprime. Se bloquea así la circulación del dinero. El dinero no fluye y ello lleva a un estrangulamiento de la actividad económica, porque si las entidades financieras no disponen de liquidez, no pueden dar, ni a las familias, ni a las empresas, los créditos que necesiten para llevar a cabo sus proyectos.
La economía española, como la de los países europeos, también sufre la preocupante situación de crisis económica y financiera. España ha sufrido un conjunto de impactos que han dañado seriamente su economía y han conseguido convertir un alto PIB, en un crecimiento débil; pasar de unos buenos años de reducción del desempleo, a un aumento preocupante de este, y de una inflación reducida y estable que rondaba la conocida estabilidad de precios (tan anhelada por el Banco Central Europeo (BCE), y definida como una tasa interanual de variación de precios cercana pero por debajo del 2%); a una inflación desbordada y que superó el 5%; si bien septiembre se cerró en el 4,5% por el descenso del petróleo y en octubre se sitúa en el 3,6%. En los siguientes meses siguió un camino descendente y en poco tiempo se ha pasado de una alta inflación a entrar en escena el fantasma de la deflación. La deflación es una caída generalizada y persistente de los precios. Aunque se ha llegado a una deflación técnica, por acumular dos trimestres consecutivos (los dos primeros de 2009) de una inflación negativa, no se puede hablar de una deflación real, sino que es consecuencia de los exorbitantes precios del petróleo que alcanzó en poco tiempo en el verano de 2008, para seguir posteriormente con caídas espectaculares del mismo.
La restricción crediticia: No hay facilidad para que los bancos concedan préstamos. Se ha instalado la desconfianza interbancaria, los bancos se muestran recelosos unos de otros y no se prestan dinero. Los bancos piensan unos de los otros: «Tu edificio es imponente, pero su interior, ¿no estará infectado por el virus de las hipotecas subprime?». Hay falta de liquidez. El dinero no fluye con la normalidad necesaria. Las exigencias para conseguir un crédito aumentan. La crisis inmobiliaria estadounidense, provocada por las hipotecas subprime ha llevado a la seria cautela a todo el sistema financiero a la hora de la concesión de créditos. Esto es claramente perjudicial para las empresas, pues la financiación es un recurso empresarial muy utilizado para su crecimiento y desarrollo. Los ciudadanos tampoco encuentran facilidad en los bancos para financiar sus grandes compras, como son la vivienda y los vehículos, con lo que se resiente la industria del automóvil y el sector inmobiliario.
Muchas empresas son dependientes del crédito de los bancos, sin ellos no pueden generar proyectos, no pueden poner en marcha sus inversiones. La falta de liquidez de la banca por la crisis interbancaria es problemática, y aunque posteriormente las entidades financieras recuperan la liquidez, gracias a las medidas extraordinarias puestas en marcha por las autoridades monetarias o los gobiernos, las condiciones exigidas para la concesión del crédito aumentan. Es un temible círculo vicioso generado por la restricción del crédito.
Escaladas en el petróleo: El petróleo alcanzó en el mes de julio de 2008 su récord histórico al superar los 147 dólares por barril. Después comenzó a retroceder. Las continuas subidas del precio del petróleo activan graves procesos inflacionistas y son capaces de alterar gravemente la economía. Si el petróleo sube de precio, se origina toda una espiral de subida de precios. Por ejemplo, si el camión que transporta alimentos al supermercado gasta más en transporte, los alimentos subirán de precio y el consumidor tendrá cada vez menos dinero para comprar las mismas cosas y reducirá gastos.
Que el petróleo haya bajado es una noticia positiva para las familias y para las empresas. También es cierto que el comportamiento del petróleo ha sido muy volátil. Además, a la hora de repostar, se percibe que las bajadas del crudo llegan al consumidor con mucha lentitud y no de forma fiel.
Ajuste de la construcción: La construcción era el motor de la economía y el motor generador de empleo. Además alimentaba de forma contundente a la banca. El motor ha dejado de funcionar. Entonces aparece la desaceleración económica, la crisis y el fuerte desempleo. Existía un exceso de oferta de viviendas sobre la demanda. Con un exceso de oferta, un fuerte encarecimiento de la vivienda y subidas de tipos de interés, que contribuían a crecer de forma considerable los intereses de los préstamos hipotecarios, se consiguió formar la llamada «burbuja inmobiliaria». Una burbuja que todos veían, pero que mientras todo funcionara y se generaran grandes fortunas, no tenía excesiva importancia. El ajuste del sector de la construcción está siendo fuerte e intenso.
El estallido de la burbuja inmobiliaria se ha conjugado con una restricción crediticia y el resultado de este cóctel explosivo ha sido una gran crisis. Si el estallido de la burbuja inmobiliaria se hubiera producido sin la alteración de la banca, las consecuencias de la crisis habrían estado muy lejos de ser tan virulentas como lo han sido.
La delicada situación económica incide directamente en los ciudadanos y en las empresas. Se genera desconfianza entre los consumidores. Los ciudadanos reducen su consumo por temor al posible empeoramiento. El menor consumo tiene una incidencia directa perjudicial sobre las empresas. Los empresarios también sienten desconfianza y paralizan proyectos que podrían generar empleo. Por ello siempre se dice que la confianza es muy necesaria para que se genere empleo.
Las causas de la crisis se convierten a la vez en efectos y viceversa. El desempleo genera desaceleración económica, pues las familias al perder sus trabajos tienen que reducir sus gastos. Se forman círculos viciosos de los que resulta complicado salir.
Un buen dato económico puede incidir sobre otros. Puede ser el caso del descenso del precio del petróleo. También son muy importantes los recortes de los tipos de interés por parte de los bancos centrales. La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) bajó sus tipos hasta situarlos entre el 0 y el 0,25%, el Banco de Inglaterra hasta el 0,5%, y el Banco Central Europeo, tras una política de recortes para afrontar la crisis y la recesión en la eurozona, los situó en el 1%.
La crisis económica es tan severa como internacional. Los diferentes países han puesto en marcha numerosos planes de estímulo. Las cuentas públicas se deterioran y aumentan los déficits. Si la actividad económica cae, disminuyen las recaudaciones; si aumenta el desempleo, aumentan las prestaciones; y si además se ponen en marcha planes de estímulo, resulta inevitable un vertiginoso aumento de los déficits públicos. Una segunda fase de la crisis llega como consecuencia de este gran deterioro de las cuentas públicas. Los inversores castigan a los países con problemas de solvencia. En esta segunda fase los Estados ponen en marcha planes de ajuste. La austeridad se hace necesaria.
Las autoridades monetarias y los gobiernos de todo el mundo han puesto en marcha planes, reformas estructurales, medidas de estímulo y planes de ajuste. El objetivo es contar con solvencia y generar lo antes posible crecimiento económico. Algunos países ya muestran signos de recuperación. Ahora habrá que esperar y desear la consolidación de la misma.
Texto de archivo de Euribor.us, conservado en esta URL para no romper el enlace antiguo. Contexto de la crisis de 2008–2009 en España y en el mercado interbancario que da sentido al Euribor.