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Las causas de la crisis económica

21 septiembre, 2008

La restricción en el crédito, el encarecimiento del petróleo y el fuerte ajuste en el sector de la construcción nos han llevado a la actual crisis económica, con seria desaceleración económica, inflación y crecimiento preocupante del desempleo.

La crisis económica estadounidense tuvo su origen en las hipotecas subprime, que son aquellas que se concedían a clientes con escasa solvencia, o con pocas garantías de que pudieran hacer frente al pago de sus cuotas.  En un mundo globalizado como en el que vivimos, el virus subprime nacido en Estados Unidos y sus consecuencias, han encontrado las vías perfectas para conseguir crear una gran infección en todo el sistema financiero mundial. Los bancos que promocionaban las hipotecas subprime, necesitaban más dinero para poder continuar ofreciendo dicha clase de préstamos hipotecarios. Para ello los introducían en productos estructurados que vendían a otras entidades financieras y así obtenían nueva liquidez con la que podían continuar realizando sus actividades y concediendo nuevas hipotecas subprime. El virus de las hipotecas subprime ha conseguido enfermar al sistema financiero a nivel mundial y provocar una crisis económica internacional de consecuencias catastróficas.

Como comentamos, dichas hipotecas, en un mundo globalizado, han podido llegar a entidades financieras de todo el mundo. Los bancos se prestan dinero entre sí en el llamado mercado interbancario y los bancos han llegado a tener una gran desconfianza entre ellos, porque piensan unos de otros, que pueden estar infectados por las hipotecas subprime. Se bloquea así la circulación del dinero. El dinero no fluye y ello lleva a un estrangulamiento de la actividad económica, porque si las entidades financieras no disponen de liquidez, no pueden dar, ni a las familias, ni a las empresas, los créditos que necesiten para llevar a cabo sus proyectos.

La economía española, como la de los países europeos, también sufre la preocupante situación de crisis económica y financiera. España ha sufrido un conjunto de impactos que han dañado seriamente su economía y han conseguido convertir un alto PIB, en un crecimiento débil; pasar de  unos buenos años de reducción del desempleo, a un aumento preocupante de este, y de una inflación reducida y estable que rondaba la conocida estabilidad de precios; (tan anhelada por el Banco Central Europeo (BCE), y definida como una tasa interanual de variación de precios cercana pero por debajo del 2%); a una inflación desbordada y que superó el 5%; si bien septiembre se cerró en el 4,5% por el descenso del petróleo y en octubre se sitúa en el 3,6%. En los siguiente meses siguió un camino descendente y en poco tiempo se ha pasado de una alta inflación a entrar en escena el fantasma de la deflación. La deflación es una caída generalizada y persistente de los precios. Aunque se ha llegado a una deflación técnica, por acumular dos trimestres consecutivos (los dos primeros de 2009) de una inflación negativa, no se puede hablar de una deflación real, sino que es consecuencia de los exorbitantes precios del petróleo que alcanzó en poco tiempo en el verano de 2008, para seguir posteriormente con caídas espectaculares del mismo. Después de meses de fuerte inflación y de rápida caída de la misma vuelven a recuperarse valores de inflación más razonables. Los factores que han incidido fuertemente en la economía son los siguientes:

La restricción crediticia: No hay facilidad para que los bancos concedan préstamos. Se ha instalado la desconfianza interbancaria, los bancos se muestran recelosos unos de otros y no se prestan dinero. Los bancos piensan unos de los otros: “Tu edificio es imponente, pero su interior, ¿no estará infectado por el virus de las hipotecas subprime?”. Hay falta de liquidez. El dinero no fluye con la normalidad necesaria.  Las exigencias para conseguir un crédito aumentan. La crisis inmobiliaria estadounidense, provocada por las hipotecas subprime ha llevado a la seria cautela a todo el sistema financiero y  a la hora de la concesión de créditos. Esto es claramente perjudicial para las empresas, pues la financiación es un recurso empresarial muy utilizado para su crecimiento y desarrollo. Los ciudadanos tampoco encuentran facilidad en los bancos para financiar sus grandes compras, como son la vivienda y los vehículos, con lo que se resiente la industria del automóvil y el sector inmobiliario. Al ser dos sectores de gran importancia, sus problemas se trasladan a gran cantidad de empresas de diferentes características que se relacionan directamente o indirectamente con ellos. Por ejemplo una empresa que trabaje con la madera para construir puertas para las viviendas, fácilmente resentirá los problemas del sector de la construcción. La falta de liquidez en el sistema financiero, impide que llegue el dinero a los ciudadanos, con lo que se rebaja el consumo, las empresas generan menos ganancias, se ven obligadas a reducir sus plantillas y se crea más desempleo.

Muchas empresas son dependientes del crédito de los bancos, sin ellos no pueden generar proyectos, no pueden poner en marcha sus inversiones. La falta de liquidez de la banca por la crisis interbancaria es problemática, y aunque posteriormente las entidades financieras recuperan la liquidez, gracias a las medidas extraordinarias puestas en marcha por las autoridades monetarias (ej: inyecciones de liquidez) o los gobiernos (ej: compra de activos), las condiciones exigidas para la concesión del crédito, aumentan. Los bancos no quieren asumir excesivos riesgos ante una coyuntura económica tan difícil. También son menores las garantías ofrecidas por las empresas a las instituciones financieras. En tiempos de bonanza y de crecimiento económico, la banca puede entender que muchos proyectos empresariales son viables y con posibilidades de éxito, pero esos mismos proyectos, dada la severidad de la actual crisis económica, pueden ser ahora definidos como todo lo contrario. Es un temible círculo vicioso generado por la restricción del crédito. Las instituciones financieras no conceden crédito a empresas y familias por la difícil situación económica, pero la no concesión de crédito, retroalimenta el problema y consigue aumentar la severidad de la crisis.

Escaladas en el petróleo: El petróleo alcanzó en el mes de julio de 2008, su record histórico al superar los 147 dólares por barril. Después comenzó a retroceder y ahora se encuentra oscilando entre los 70 y 80 dólares. Las continuas subidas del precio del petróleo, activa graves procesos inflacionistas y es capaz de alterar gravemente la economía. Si el petróleo sube de precio, se origina toda una espiral de subida de precios. Por ejemplo,  si el camión que transporta alimentos al supermercado gasta más en transporte, los alimentos subirán de precio y el consumidor tendrá cada vez menos dinero para comprar las mismas cosas y reducirá gastos.

El petróleo después de alcanzar record en su cotización, comenzó a protagonizar importantes descensos. Ahora se encuentra cercano a los 70 dólares el barril.  Que el petróleo haya bajado es una noticia positiva para las familias y para las empresas, pues las primeras disponen de más renta disponible para poder destinar al consumo, dado que gastan menos dinero en combustible y en los recibos de electricidad. Así se favorece la reactivación de la economía. Las empresas tienen un menor coste energético con lo que pueden ser más competitivas y bajar precios, siendo sus productos más atractivos para los consumidores. También es cierto que el comportamiento del petróleo esta siendo muy volátil, en estos tiempos de grandes turbulencias financieras, por lo que contribuye poco a aumentar la estabilidad y la confianza necesaria que deben tener las empresas para poder crecer, invertir en ellas y generar empleo. Además, por lo que se refiere a los consumidores, a lo hora de repostar combustible para sus vehículos, se percatan que la rapidez con que las escaladas del precio del petróleo se convertían inmediatamente en aumento en las gasolineras, no es la misma que cuando sucede lo contrario. Las bajadas del precio del petróleo, le llegan al consumidor con mucha lentitud y no de forma fiel.

Ajuste de la construcción: La construcción era el motor de la economía y el motor generador de empleo. Además alimentaba de forma contundente a la banca. El motor ha dejado de funcionar. Entonces aparece la desaceleración económica, la crisis y el fuerte desempleo. Mes a mes aumenta la tasa de desempleo, sobretodo en el sector de la construcción. Existía un exceso de oferta de viviendas sobre la demanda, ello lleva a una necesaria corrección. La cuerda se estaba tensando demasiado y se cruzaban demasiados límites. Con un exceso de oferta, un fuerte encarecimiento de la vivienda y subidas de tipos de interés, que contribuían a crecer de forma considerable los intereses de los prestamos hipotecarios, se consiguió formar la llamada “burbuja inmobiliaria”. Una burbuja que todos veían, pero que mientras todo funcionara y se generaran grandes fortunas, no tenía excesiva importancia. Pero la burbuja estalló y ahora es el momento de recoger las consecuencias y de concienciarse de que hay límites que es mejor no volver a cruzar. El ajuste del sector de la construcción está siendo fuerte e intenso. La extracción positiva que podemos extraer de dicha corrección, es que si está siendo tan virulenta, terminará antes y podrá teóricamente iniciarse antes el camino de la recuperación.

El estallido de la burbuja inmobiliaria comenzaba a mostrarse muy amenazante cuando muchas agencias empezaban a señalar que iba alargándose demasiado el tiempo que se necesitaba para vender una vivienda. La oferta de viviendas crecía de forma vertiginosa, los precios se encarecían continuamente y los tipos de interés llegaban a máximos históricos. Una combinación demasiado peligrosa que tentaba muy fuertemente al gran estallido y no se hacía nada por evitarlo. Y finalmente llegó. Pero no fue lo peor. El verdadero problema fue que con el estallido de la burbuja inmobiliaria, grave de por sí, el virus subprime originario de Estado Unidos, ya había contaminado todo el sistema interbancario. La liquidez ya no fluía por las instituciones financieras. La falta de fluidez en el sistema bancario llevó inexorablemente a la restricción del crédito. El estallido de la burbuja inmobiliaria se ha conjugado con una restricción crediticia y el resultado de este cóctel explosivo ha sido una gran crisis de consecuencias devastadoras. Si el estallido de la burbuja inmobiliaria se hubiera producido sin la alteración de la banca, las consecuencias de la crisis habrían estado muy lejos de ser tan virulentas como lo han sido.

La delicada situación económica incide directamente en los ciudadanos y en las empresas. Los consumidores la detectan, la viven directamente, puede que ellos mismos o familiares suyos hayan perdido su empleo. Los medios de comunicación detallan todos los aspectos y circunstancias de la crisis y las familias y las empresas conocen al detalle todos los malos datos económicos que se suceden continuamente. Se genera desconfianza entre los consumidores.  Los ciudadanos reducen su consumo por temor al posible empeoramiento de la situación económica del país y la suya propia. El menor consumo de los ciudadanos originado por la desconfianza  tiene una incidencia directa perjudicial sobre las empresas y el crecimiento económico, agravando todavía más la crisis. Los empresarios también sienten desconfianza y seguramente paralizan proyectos empresariales, que podrían generar empleo, por temor a que fracasen ante la crisis, o tal vez, los aplacen esperando que vengan en el futuro vientos más favorables. Por ello siempre se dice que la confianza es muy necesaria para que se genere empleo.

Las anteriores circunstancias han sido decisivas para llegar a la actual situación de crisis económica y financiera. También es necesario tener en cuenta, que las causas de la crisis se convierten a la vez en efectos y viceversa. Por ejemplo, el desempleo genera desaceleración económica, pues las familias al perder sus trabajos, tienen que reducir sus gastos. Como el consumo de los ciudadanos se reduce, las empresas tienen  menores ganancias y se encuentran obligadas a reducir sus plantillas. Se forman círculos viciosos de los que resulta complicado salir. Algo tiene que romper con lo negativo para ayudar a que el círculo vicioso se convierta en virtuoso.

Un  buen dato económico puede incidir sobre otros; arrastrarlos a un mejor comportamiento o cambio de tendencia y ayudar a cambiar paulatinamente  el escenario económico. Puede ser el caso  del descenso del precio del petróleo, pues conduce a una menor inflación y a que  familias y empresas tengan menos gastos. De esta manera las familias disponen de más margen de renta para destinar al consumo, y las empresas para ser más competitivas y bajar precios. También son muy importantes los recortes de los tipos de interés por parte de los bancos centrales. La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), ha bajado sus tipos de interés hasta situarlos entre el 0 y el 0,25%, el Banco de Inglaterra (BoE) hasta el 0,5%, y el Banco Central Europeo (BOE), tras una política de recortes para afrontar la crisis y la recesión en la Eurozona, los ha situado en el 1%.

La crisis económica es tan severa como internacional. Los diferentes países han puesto en marcha numerosos planes de estímulo y han movilizado importantes cantidades de dinero, con el fin de intentar paliar los graves efectos de la crisis. Las cuentas públicas de los diferentes Estados se deterioran a un ritmo vertiginoso y aumentan de forma contundente los déficits públicos. Las economías se desaceleran intensamente, disminuyendo así las recaudaciones impositivas. Además el aumento del desempleo, implica un aumento de las prestaciones.  Si la actividad económica cae, disminuyen las recaudaciones impositivas; si aumenta el desempleo, aumentan las prestaciones, y si además se ponen en marcha numerosos planes de estímulo para afrontar la crisis, resulta inevitable un vertiginoso aumento de los déficits públicos en los diferentes Estados. Una segunda fase de la crisis económica llega como consecuencia de este gran deterioro de las cuentas públicas. Los inversores y los especuladores financieros castigan a los países que muestran problemas de solvencia, de elevada deuda o de alto déficit público. Se elevan los intereses por los que estos países pueden refinanciar sus deudas, agravándose así sus problemas financieros. En esta segunda fase de la crisis, los diferentes Estados ponen en marcha severos planes de ajuste público. La austeridad se hace necesaria. Los Estados deben de ser y mostrarse lo más solventes posibles ante los mercados.

Las autoridades monetarias y los gobiernos de todo el mundo han puesto en marcha diversos y variados planes, reformas estructurales para lograr que sus economías sean más competitivas y eficaces, multitud de medidas de estímulo, así como planes de ajuste para reducir los elevados déficits públicos. El objetivo es que se cuente con solvencia y se genere lo más pronto posible crecimiento económico. Todas las medidas, reformas, planes de estímulo y de ajuste se ponen en marcha y se alinean para afrontar y superar una crisis económica muy severa, difícil, compleja, y ante la que no se han encontrado protocolos claros de actuación.  Algunos países ya muestran signos de recuperación. Ahora habrá que esperar y desear la consolidación de la misma.